El Rottweiler y los mitos

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El origen de la imagen negativa del rottweiler se remonta a prejuicios antiguos. Durante las llamadas «inquisiciones caninas», muchos perros negros con manchas color fuego fueron sacrificados por asociarse su pelaje con un origen demoníaco. Aunque aquellos canes no estaban emparentados con el rottweiler, el estigma se extendió a esta raza y al doberman, ambas de manto similar.

Incluso en Alemania, durante la búsqueda de terriers para caza, se seleccionaron esos colores al vincularlos erróneamente con la agresividad. Hoy se sabe que no existe relación entre el color del pelaje y el temperamento –basta ver razas con gran variedad de tonalidades que mantienen su carácter–, pero la idea equivocada persistió.

El cine reforzó esta percepción negativa. En filmes como La profecía y El padre Pío, el rottweiler aparece como compañero del anticristo o encarnación del demonio. Por el contrario, personajes como Rintintín o Lassie impulsaron la popularidad del pastor alemán y el collie, demostrando el poder mediático en la imagen de las razas. Tampoco ayudó su asociación con la policía y el ejército alemán, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, el estándar de la raza describe a un perro de carácter fuerte, equilibrado y protector –nada agresivo o nervioso–, que actúa solo cuando es necesario. Quienes conviven con rottweiles bien socializados y tratados como mascotas, conocen su naturaleza afectuosa, leal y segura.

Origen e historia del Rottweiler

Sus ancestros son los molosos que acompañaban a los romanos, custodiando rebaños. Más tarde, en la región alemana de Rottweil, se utilizaron para tirar y proteger los carros de los carniceros, siendo así perros de tiro y guarda. Su popularidad decayó con el auge del ferrocarril.

A principios del siglo XX, Alemania lo reconoció oficialmente como perro policía, función que aún desempeña en varios países junto a razas como el pastor alemán o el malinois. Esta trayectoria histórica confirma que el rottweiler es un perro de trabajo –vigoroso, con necesidad de ejercicio y espacio–, capaz de proteger y aprender con facilidad, no un animal de pelea.

¿Perros peligrosos o dueños irresponsables?

Los casos de agresiones caninas han generado alarma social. La pregunta clave es: ¿el problema está en el perro o en el dueño? Para entenderlo, debemos remontarnos a los orígenes.

Origen del perro

La teoría más aceptada señala que el perro doméstico (Canis familiaris) desciende del lobo, domesticado hace entre 14.000 y 12.000 años a.C. Otras hipótesis, menos apoyadas, sugieren al chacal como ancestro. Los restos más antiguos de perros tienen unos 25.000 años. Entre las razas ancestrales destacan los molosos, como el mastín tibetano, representado ya en relieves asirios del 4000 a.C.

El perro de guerra

La agresividad atribuida a ciertas razas tiene más que ver con su uso histórico que con su naturaleza. Diversas civilizaciones –egipcios, romanos, españoles– emplearon perros en combate. Los romanos, por ejemplo, utilizaban antepasados del rottweiler, equipados con armaduras y cuchillas. En la Segunda Guerra Mundial, alemanes y belgas usaron pastores alemanes, dobermans y rottweiles en funciones militares. Esta cría selectiva para la guerra contribuyó a su fama de ferocidad.

Solución: ¿Leyes adecuadas?

La agresividad canina no es inherente a una raza, sino resultado del adiestramiento, el ambiente y la crianza. Legislaciones como la Ley de Perros Potencialmente Peligrosos exigen licencias, seguros y pruebas para los dueños, pero un gran porcentaje de estos animales se comercia en el mercado negro, sin control.

Para complementar la ley, se debería:

  1. Informar adecuadamente a los futuros dueños sobre las necesidades de cada raza.

  2. Perseguir el adiestramiento incontrolado y las peleas clandestinas.

  3. Erradicar el mercado ilegal de perros.

  4. Fomentar la tenencia responsable, con sanciones penales para dueños negligentes.

  5. Reforzar la vigilancia en espacios públicos, dotando a las perreras municipales de medios para verificar el cumplimiento de la normativa.

¿Agresividad natural?

No existe una predisposición natural en los perros –ni siquiera en los lobos– a enfrentarse a muerte con otros de su especie. Cualquier raza puede volverse agresiva mediante un adiestramiento basado en el dolor y el miedo. El problema, en última instancia, no es el perro, sino el hombre: entrenadores sin escrúpulos y dueños irresponsables.